La generación del “cambio”
Me es inevitable ver como en mi generación, muchas personas que se consideraban a sí mismas libres pensadores, revolucionarias, buscadoras del cambio, hoy piensen que usar estrategia sucia en campaña, juntarse con los políticos más camaleónicos del país(y que han estado involucrados varios escándalos de corrupción), y hacer alianzas con otros políticos que parecían contrarios ideológicamente, es normal, que está bien hacerlo, y darle muy poca relevancia a cada uno de estos hechos, pero que aun así insisten en que votan por el cambio.
Sin embargo, esa ilusión y fe ciega, no es un
comportamiento que me cause extrañeza, mucho menos en un país latinoamericano,
dónde existe una tradición de culto a los gobiernos o más específicamente a
políticos y caudillos, los cuales se elevan a un carácter casi religioso, y de
la cual no hemos podido salir. Lo que si me genera un poco de suspicacia en
esta generación crea que es superior a los “boomers”, o a sus padres uribistas,
cuando ellos están reflejando el mismo culto a la personalidad.
Pero ¿qué genera esa devoción?, mi hipótesis
consiste en que se tiene un culto cuasi religioso al gobierno, que se traslada
a las otras generaciones, parte de la esperanza que tiene la gente en creer que
si a la persona correcta se le brindan los poderes suficientes mejorará
su vida significativamente, se acabara la corrupción, la inseguridad y demás
problemáticas del día a día, y más si el político propone soluciones simples a
un problemas complejos.
No obstante la realidad no es así, los
gobiernos para poder realizar muchos de
los programas económicos, sociales, o de seguridad, consistentes en una expansión de las
facultades de este, requerirá necesariamente de pactos con diversos actores de
para su funcionamiento, o delegar cosas que antes estaban en manos del mercado,
bajo el poder de unos cuantos burócratas que ni el mismo controla, cosa que aumenta los riesgos de corrupción,
pues hay una mayor propensión a adquirir monopolios o favorecer intereses de
particulares con la excusa de que es “para mejorar la calidad de
vida”.
A más poder, más propensión por parte de un
gobernante en generar daños en la vida de las personas, en Colombia ya
vivimos esto varias veces, en la desesperación de la gente por buscar
seguridad, electo Uribe, durante el gobierno de “la seguridad democrática” varias
vulneraciones a los Derechos Humanos fueron cometidas sobre gente inocente, el
ejercito mató entre 3400 y 6400 personas en el afán de buscar “bajas
guerrilleras”. Situación similar se vivió durante el Estatuto de Seguridad del
gobierno de Julio Cesar Turbay, donde se torturaron y se mandaron a asesinar
varios intelectuales con el objetivo de "proteger a Colombia".
Del lado económico, que es la más frecuente,
tenemos varias formas de ver esos aspectos, por ejemplo, observar como la
regulación existente para la constitución de empresas y sociedades, los altos
impuestos y regulaciones laborales fomenta que únicamente subsistan en la
formalidad las empresas grandes, limitando la formalización y la subsistencia
de empresas pequeñas y medianas, sobre todo en las zonas más pobres del país
donde el ingreso medio es inferior a un Salario Mínimo.
Y ni que decir de cuando se da un rol más
protagónico del gobierno y el estado en la economía y la sociedad, siendo el
ejemplo más claro, Venezuela, dónde su intervención en pro “del bien del
pueblo” derivó en la destrucción de todo su sector privado y productivo y una
las inflaciones más altas del mundo. A eso se le suma que en de garantizar la
seguridad del régimen, la violación a Derechos Humanos, y la gran mayoría de libertades
para poder sostenerse, todo en detrimento de la calidad de vida de los
ciudadanos, siendo este el ejemplo de que pasa cuando se rinde culto a un
político y se le da todos los poderes para interferir en la economía y la
sociedad.
Mi generación es muy tendiente a defender esa intervención
de los gobiernos en los aspectos económicos, pero como siempre no analizan el
aumento de la propensión a la corrupción, ni el peligro de un rol más activo
del gobierno en la sociedad y sus consecuencias nocivas, ni la complejidad de
dichos problemas, algunos incluso, justifican el actuar violento “del
pueblo”, para lograr que este intervenga, y muy probablemente, la imposición a
la fuerza de esas políticas. Y si bien el candidato que endiosa no nos llevara
a un destino como el de Venezuela, y tampoco va a tener el poder suficiente
para ello en el corto plazo, es claro que si defienden “el todo vale”, que el
fin justifica los medios, lo cual, si continúan con la fe ciega en los políticos
que prometen cambio, y en la
intervención de los gobiernos, los llevara inevitablemente a defender
aquello que juraron destruir, un estado
de policía, involucrado en todos los aspectos de la sociedad civil,
autoritario, violento, vulnerador de DDHH, aunado a un camino de pobreza y
estancamiento como consecuencia de buscar esa intervención, no diferenciándose
mucho de lo que los uribistas se disponían a sacrificar.
Si mi generación quiere ser superior a las
generaciones anteriores, debe tener un pensamiento crítico sobre el político, y
ser escéptico sobre el papel del gobierno, nunca endiosarlo, ni creer que va a
llegar a salvarlo, que las soluciones se pueden buscar por fuera de los estados, gobiernos y políticos; pero como vimos, hasta el momento ha optado por continuar la tradición de las anteriores
generaciones, las cuales han impedido el desarrollo y crecimiento de
Latinoamérica.
El Teusaquiyorker.
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